{"version":"1.0","provider_name":"Poes\u00eda de Costa Rica","provider_url":"https:\/\/poesiadecostarica.com","title":"Julia - Poes\u00eda de Costa Rica","type":"rich","width":600,"height":338,"html":"<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"sySpeex96w\"><a href=\"https:\/\/poesiadecostarica.com\/2023\/12\/01\/julia\/\">Julia<\/a><\/blockquote><iframe sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" src=\"https:\/\/poesiadecostarica.com\/2023\/12\/01\/julia\/embed\/#?secret=sySpeex96w\" width=\"600\" height=\"338\" title=\"&#8220;Julia&#8221; &#8212; Poes\u00eda de Costa Rica\" data-secret=\"sySpeex96w\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\" class=\"wp-embedded-content\"><\/iframe><script>\n\/*! This file is auto-generated *\/\n!function(d,l){\"use strict\";l.querySelector&&d.addEventListener&&\"undefined\"!=typeof URL&&(d.wp=d.wp||{},d.wp.receiveEmbedMessage||(d.wp.receiveEmbedMessage=function(e){var t=e.data;if((t||t.secret||t.message||t.value)&&!\/[^a-zA-Z0-9]\/.test(t.secret)){for(var s,r,n,a=l.querySelectorAll('iframe[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),o=l.querySelectorAll('blockquote[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),c=new RegExp(\"^https?:$\",\"i\"),i=0;i<o.length;i++)o[i].style.display=\"none\";for(i=0;i<a.length;i++)s=a[i],e.source===s.contentWindow&&(s.removeAttribute(\"style\"),\"height\"===t.message?(1e3<(r=parseInt(t.value,10))?r=1e3:~~r<200&&(r=200),s.height=r):\"link\"===t.message&&(r=new URL(s.getAttribute(\"src\")),n=new URL(t.value),c.test(n.protocol))&&n.host===r.host&&l.activeElement===s&&(d.top.location.href=t.value))}},d.addEventListener(\"message\",d.wp.receiveEmbedMessage,!1),l.addEventListener(\"DOMContentLoaded\",function(){for(var e,t,s=l.querySelectorAll(\"iframe.wp-embedded-content\"),r=0;r<s.length;r++)(t=(e=s[r]).getAttribute(\"data-secret\"))||(t=Math.random().toString(36).substring(2,12),e.src+=\"#?secret=\"+t,e.setAttribute(\"data-secret\",t)),e.contentWindow.postMessage({message:\"ready\",secret:t},\"*\")},!1)))}(window,document);\n\/\/# sourceURL=https:\/\/poesiadecostarica.com\/wp-includes\/js\/wp-embed.min.js\n<\/script>\n","thumbnail_url":"https:\/\/poesiadecostarica.com\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/JULIA1.jpg","thumbnail_width":600,"thumbnail_height":337,"description":"Los nombres, la soledad y la imaginaci\u00f3n, una aventura en torno a las sombras de la memoria La mitad de lo que digo no tiene sentido,pero lo digo s\u00f3lo para poder alcanzarte Me dijo que su nombre era Julia. \u201cSe llama como la madre de John Lennon\u201d, me dije casi susurrando. Inmediatamente vino a mi mente la nost\u00e1lgica canci\u00f3n que el fallecido \u00eddolo brit\u00e1nico dedicara a su madre asumo que, en un momento de nostalgia, de amor profundo y arrepentimiento, donde el recuerdo y el perd\u00f3n que le ofrec\u00eda la memoria, le permit\u00edan acercarse con ternura hasta aquella mujer con la que hab\u00eda tenido una relaci\u00f3n compleja. Julia es una balada suave y dulce, cantada con enorme cari\u00f1o y nostalgia, para mi gusto -insisto- invadida de un sutil arrepentimiento. La nostalgia del adi\u00f3s, el c\u00e1lido lamento de la despedida, el cierre de los ciclos. Im\u00e1genes dispersas de aquella mujer legendaria, atrapada en antiguas p\u00e1ginas de revistas&nbsp;Y diarios, brotaron de los cofres de la memoria para girar en mi imaginaci\u00f3n, mientras&nbsp;contemplaba a esta otra Julia, sentada frente a mis ojos, delante de aquella mesa sucia y&nbsp;repleta de botellas vac\u00edas. Un peque\u00f1o ramo con tres rosas de p\u00e9talos gastados, dos rojas y una blanca, descansaban a un costado de ella cumpliendo con el protocolo del cortejo como si el romance, aunque distante e impostado en aquellos escenarios de mala muerte, fuera necesario en todo momento incluso cuando&nbsp;solo se pensara en sexo, y en este caso, en sexo remunerado. Las mujeres de aquellos&nbsp;lugares dif\u00edcilmente nos llamaban por nuestros nombres. Hab\u00eda que convertirse en un&nbsp;cliente realmente fijo de ellas, como para gozar de un trato preferencial cuando al&nbsp;dirigirse a cada uno de nosotros lo hicieran por nuestro nombre de pila, como en su&nbsp;momento lo hicieran nuestras madres, hermanas, amigas, esposas y tambi\u00e9n las amantes. Porque una puta no es una amante, una puta es un ave de paso, aunque la visitemos en&nbsp;m\u00faltiples ocasiones ser\u00e1 siempre una aventura transitoria. Generalmente, en aquellos&nbsp;lugares todos los visitantes masculinos ten\u00edamos tres o cuatro nombres que aquellas&nbsp;mujeres rotaban a placer o, a veces con la intenci\u00f3n de cerrar el trato, hacernos sentir&nbsp;especialmente atendidos y llevarnos a la habitaci\u00f3n. En aquellos salones todos nos&nbsp;llam\u00e1bamos: Mi amor, Coraz\u00f3n, Beb\u00e9 o Cari\u00f1o. Me gustaba que me llamaran de las cuatro&nbsp;formas, pues todos los que est\u00e1bamos all\u00ed \u00e9ramos la misma persona para ellas, el mismo&nbsp;macho cabr\u00edo buscando desahogarse sobre un poco de carne invadida de gemidos, no&nbsp;importaba si falsos o realmente sentidos. Llamarlos mediante aquellos nombres \u2013estaba comprobado- hac\u00eda picar m\u00e1s r\u00e1pidamente a los hombres, quienes se sent\u00edan&nbsp;apreciados. Un Lupanar es un lugar de paso, un sitio al que nos asomamos para olvidarnos&nbsp;de nosotros mismos por un instante y convertirnos en animales fornicarios que&nbsp;encuentran en el sexo estrictamente org\u00e1smico la \u00fanica capacidad de afirmaci\u00f3n. Por eso,&nbsp;que de pronto aquella figura sombr\u00eda y semidesnuda que estaba frente a nosotros,&nbsp;olorosa a perfume rancio, abriera sus labios enrojecidos y se dirigiera a nosotros de&nbsp;manera cari\u00f1osa, nos convenc\u00eda de que est\u00e1bamos ante la pareja perfecta para celebrar el&nbsp;coito y con ello cerrar el pacto de la uni\u00f3n de los opuestos. Los lupanares eran el ombligo&nbsp;del mundo, all\u00ed conflu\u00edan todos los universos posibles gracias al encanto de la uni\u00f3n entre&nbsp;los opuestos. Aparte de su nombre, reitero que no encontraba ning\u00fan parecido entre la Julia materna que habitaba en los desvanes de mi memoria, que hab\u00eda sido capaz de dar a luz a un genial compositor, quien luego la inmortalizara en una l\u00edrica canci\u00f3n y aquella otra mujer de edad imprecisa que sentada frente m\u00ed dec\u00eda llamarse Julia; como pudo haberme dicho Jocelyn o Alanis o Genesis. Aquellas mujeres de los lupanares desprovistas de todo brillo,como las rosas que yac\u00edan inertes sobre la mesa, pod\u00edan llamarse de cualquier manera. Muchas incluso ya hab\u00edan olvidado sus verdaderos nombres y adoptado otras identidades, de la misma forma que haciendo esfuerzos por lucir distintas y as\u00ed disimular el rutinario desgaste de sus cuerpos, hab\u00edan logrado borrarse a s\u00ed mismas, convirti\u00e9ndose en mercaderes de lujuria. Silenciosas, cautelosas, hablando poco y, generalmente,respondiendo con monos\u00edlabos. Lo que ofrec\u00edan era lo que estaba a la vista, m\u00e1s all\u00e1 de eso no hab\u00eda nada m\u00e1s, el truco estaba completo frente a nuestros ojos; pod\u00edamos escoger el servicio b\u00e1sico que consist\u00eda en sexo con protecci\u00f3n, sin besos, ni arrumacos por 30 minutos o bien el mismo paquete y un masaje relajante durante 60 minutos. Carec\u00edamos de tema de conversaci\u00f3n, sentados el uno frente al otro, sumidos en un&nbsp;silencio ritual que escasamente romp\u00edamos con trivialidades, mientras apur\u00e1bamos un&nbsp;trago, para luego regresar al silencio. Nos contempl\u00e1bamos y nos consum\u00edamos con la&nbsp;mirada, pero no nos dec\u00edamos mucho. El ni\u00f1o que temprano vino hasta nuestra mesa a&nbsp;ofrecer las tres flores que descansaban a su lado, se hab\u00eda arrinconado en un extremo de&nbsp;la barra y desde all\u00ed observaba el movimiento del sal\u00f3n. Segu\u00eda con la mirada a las mujeres&nbsp;que se pon\u00edan de pie y acomod\u00e1ndose sus cortos vestidos pegados al cuerpo se dirig\u00edan&nbsp;haciendo equilibrio con sus puntiagudos tacones aguja hacia la parte trasera del lupanar,&nbsp;donde quedaban las habitaciones. Ellas eran seguidas por sus clientes que cabizbajos y en&nbsp;silencio trataban de no llamar demasiado la atenci\u00f3n en su ruta hacia aquellos colchones&nbsp;de espuma manchados de semen donde se revolcar\u00edan con sus cortesanas durante 30 0 60&nbsp;minutos. Una vez que las mesas iban quedando vac\u00edas y antes de que la salonera se&nbsp;acercara a limpiarlas, el ni\u00f1o se lanzaba veloz y recog\u00eda los ramos de rosas que aquellas&nbsp;mujeres dejaban deliberadamente desatendidos sobre la mesa, para que \u00e9l pudiera&nbsp;nuevamente acercarse hasta donde los clientes reci\u00e9n llegados comenzaban el cortejo&nbsp;combinado con acuerdo comercial, cortejo que precisamente comenzaba muchas veces&nbsp;cuando el ni\u00f1o hac\u00eda su entrada en la mesa y ofrec\u00eda su ramo a la mujer, quien lo tomaba&nbsp;en sus manos, llev\u00e1ndoselo delicadamente hasta su nariz para olerlo mientras suspiraba,&nbsp;observando al Beb\u00e9 que ten\u00eda frente a ella, suplic\u00e1ndole con la mirada que se lo comprara. El gesto, aunque bien intencionado resultaba macabro a la vista, aquellas mujeres no eran&nbsp;capaces de percibir otro aroma m\u00e1s que el de la podredumbreRead More &raquo;"}