La herida abierta
Dos hombres separados por un muro: uno arriesga la voz; el otro fuma, convencido de que su impunidad sobrevivirá al humo. Un relato sobre el nacimiento de un caudillo.
Dos hombres separados por un muro: uno arriesga la voz; el otro fuma, convencido de que su impunidad sobrevivirá al humo. Un relato sobre el nacimiento de un caudillo.
Una fábula mordaz sobre el deseo, la vanidad y el espejismo de lo nuevo. Juan José Arreola convierte un extravagante trueque de esposas en una parábola sobre la facilidad con que confundimos el resplandor con el oro.
Un estudio sobre las relaciones de poder entre primates desmonta una antigua coartada: la dominación masculina no constituye una ley natural. Quizá muchas de nuestras jerarquías no provengan de la evolución, sino de las explicaciones que hemos construido para conservarlas.
Una reflexión sobre el deterioro del criterio en una época que premia la apariencia, amplifica la torpeza y convierte el ruido en autoridad. Cuando pensar deja de ser indispensable, hasta la incompetencia puede presentarse como liderazgo.
Una aproximación a esos malestares del cuerpo y la mente que nos acompañan, muy a nuestro pesar. Habitaciones que construimos con palabras y donde basta encender una luz muy débil, apenas suficiente para que el frío pueda verse.
Hace dos años, la grandilocuencia tecnológica de un informe policial me llevó a pensar en cuánto habían cambiado nuestras formas de vigilancia. Hoy recupero aquella reflexión ante un fenómeno más inquietante: el uso del miedo y las palabras como armas contra las instituciones democráticas.
El Teatro Nacional fue levantado, en parte, gracias al café. Más de un siglo después, otro café me puso en marcha hacia un pasado al que se entra por la puerta menos solemne.
Esta mañana, despierto pensando en Alfonso Chase y deseándole una pronta recuperación. Comparto esta lectura de Secretos perfectos, escrita hace algunos años desde la inevitable imperfección de mi escritura y la admiración intacta por su poesía.
Mientras algunos intentan certificar si José Flores es el hombre más longevo del mundo, desaparece silenciosamente el mundo que le permitió llegar hasta esa edad.
Algunos poseen millones, armas y habitan una leyenda criminal, en el fondo son hombres condenados a vivir agazapados, esperando el ruido que anuncie su caída.